Uno de los rasgos que más sorprenden y definen a la actual sociedad española es el convencimiento casi general de la superioridad moral, ideológica y cultural que ostenta una izquierda encanta da de haberse conocido, desideologizada, sin propuestas transformadoras, pero que con cuatro consignas, tres golpes de efecto, dos ocurrencias y un ZP mantiene un dominio del “espacio social” que jamás ha osado combatir una derecha todavía acomplejada. Un ejemplo: al alcalde de Valladolid por decir lo de los morros de la Pajín, las femiprogres y los mariprogres le montan un cirio impresionante; a Sánchez Dragó por presumir de macho menorero, es decir, por irse de lolitas hace treinta años le montan otro y le quieren empapelar por pederasta; sin embargo, y contra todo pronóstico a un sujeto condenado en sentencia firme por maltratador le hacen entrevistas en El país, sigue como presidente del PSE y las femiprogres y los mariprogres no dicen ni mú.La conclusión es evidente. Ser varón, izquierdista light, feminista, partidario de negociar con criminales y con carnet progresista te permite entre otras muchas cosas y sin ánimo de agotar los privilegios:
1) Salir en los medios diciendo lo mucho que te pone el culo de la Trini y que los medios progres digan que es que la Trini se pone unos pantalones muy ajustados y claro, así es que no se pué aguantá .....
2) Irte de lolitas, aduciendo eso sí que ellas decían sí, sí, sí y que naturalmente parecían mayores de edad (si es que estas pijas de hoy al pintarse tanto y comer tantos yogures parecen mayores, oyes ....)
3) Sacudir a tu mujer los días pares y a tu querindonga los impares y tener un cargo orgánico en el partido bien remunerado.
Cabe preguntarse qué hace la derecha política para revertir esta situación. La respuesta es muy simple: se pone de perfil, farfolla algunas pocas cosas de economía y se queda quieta esperando heredar un erial.
Menos mal que una mujer del pueblo, mediática, desinhibida y sin complejos está dando la batalla de las ideas, exponiendo con claridad lo que piensa en un lenguaje directo –no sé si al corazón o al hígado, pero eso ¡a quién le importa!-, claro, llano, pero demoledoramente sugestivo, atractivo, que hace que una gran parte de los receptores de su mensaje se identifiquen con ella, con sus propuestas, con lo que representa, incluso con su imagen. Aunque algunos desavisados crean que me estoy refiriendo a la Cospedal o a Rosa Díez, los más avispados ya sabrán de quién estoy hablando. Sí, Belén Esteban, la única mujer que en la actualidad está dando realmente la batalla de las ideas, la única que se enfrenta día a día al pensamiento light y que aún siente las piernas.
Así están las cosas en España.
Isaac Reviriego, C's Madrid


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