El pasado viernes, durante una cena de empresa, tuve la fortuna de observar el espectáculo ofrecido por uno de esos programas de “famoseos” cuyo plato fuerte era la nueva cara que ofrecía una señora tras una operación de cirugía estética. La señora en cuestión es conocida por ser la ex mujer de un torero y por vender incluso sus operaciones en la televisión. Supongo que ya sabrán de quién se trata porque es prácticamente imposible no hacer algo de zappin, ojear alguna revista en la peluquería o escuchar algún comentario en el autobús y terminar enterándose, te guste o no.
Por lo visto, las revistas con la primicia se agotaron, y visto los anuncios que intercalaron en el programa hasta que apareció la susodicha, pues el éxito de audiencia debió ser soberbio.
En un delirio de grandeza, el que hacía los subtítulos, e ignoro si el presentador porque no lo oía, incluyeron la denominación “ princesa del pueblo” refiriéndose a la señora en cuestión. No sé a qué pueblo se referían, porque al mío no. Y por cierto, era de todo menos princesa.
Bueno, pues así estamos. Ya no voy a entrar en lo del nivel educativo, en lo de que sí, pero al final todos lo vemos, en el dónde vamos a ir a parar, y en la gran audiencia que tienen estas cosas y la poca que tendría una representación de teatro clásico y no digamos una zarzuela (género a extinguir al ser español y políticamente incorrecto porque ensalza lo bonito que es España, y porque es mucho mejor un musical basado en una película de una multinacional que a su vez está basado en un cuento, a cuyo artista no se le paga ni un duro porque está muerto y es un clásico).
Bueno, volviendo. Que yo me preguntaba si a esas horas, afortunadamente fuera del horario infantil, no sería mucho mejor echar una película porno. Al fin y al cabo, en las películas porno enseñan a follar y en estos programas lo que enseñan es a joder. Analizando la ética de ambos programas, creo sinceramente que es mucho más dañino para la mente el joder que el follar. En la película porno es lo que es, no hay más. No hay malas intenciones, no se quiere dañar a nadie (si no lo pide), no hay ningún objetivo escondido, y no hay más que lo que se ve. Éticamente, siempre que no lo vean menores antes de que sepan dosificar sus instintos, la película porno tiene los mismos problemas éticos que una gran comilona.
Sin embargo, en los programas en los que no se folla, sino que se jode, se ponen en marcha las peores virtudes del ser humano. Se vende hasta el alma, se presiona a la gente, se llevan las situaciones al límite, se fomentan los insultos, las vejaciones, los piques, el “romper” anímicamente al contrario, dañar su imagen, vender sus artimañas, sus mentiras, su sufrimiento. El paroxismo de todo esto es encerrar a personas en un sitio para que el público vea las putadas que se hacen.
Esto sí es malo, esto sí es peligroso para la mente, esto sí es dañino y esto sí que debería restringirse a franjas horarias de madrugada, como las películas violentas.
Hay gente que me argumenta que se trata de la manera de no pensar en los problemas de uno mientras se piensa en los ajenos, vaciar la mente y despreocuparse. No lo sé, pero qué gran guía de artimañas para todos aquéllos que quieren hacer acoso en el trabajo, presionar a alguien para que salte o aprender a hacerle la guerra sucia y quitarle la pareja a otro, como utilizar a los niños para atacar a la pareja separada, como odiar, como no perdonar, y como salirte con la tuya como sea y con el menor esfuerzo
Igual soy un poco carca, pero creo que en ninguna religión se aceptan esas cosas, y en ninguna ética atea, así que algo habrá que revisar porque no parece ejemplificante ni bueno.
En cuanto a lo de princesa del pueblo, espero que sea de otro “pueblo”.
Alejandro del Amo
C's Salamanca


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