Por Magda González

Estas navidades mi hija me regaló la biografía de Emilia Pardo Bazán escrita por Eva Acosta. Desde los muy lejanos tiempos del instituto, no me había vuelto a interesar por esta mujer cuyos datos dormían, como aletargados, en mi memoria.
La valerosa Dña. Emilia sabía lo que quería: ser escritora (ojo, no escritor). En un mundo de hombres, luchó hasta el final para que se le reconocieran sus méritos y no quiso, de ninguna de las maneras, firmar con seudónimo masculino sus escritos, novelas, crónicas, artículos, obras dramáticas, discursos... su lucha fue implacable. Y no fácil. Acosta cita a muchos de sus detractores (entre los enemigos más implacables estaba Leopoldo Alas, “Clarín”) cuyas letras punzantes me producen a mí –hoy, después de un siglo- sonrojo. La presión que tuvo que aguantar fue impresionante.
Doña Emilia ha sido la bisabuela que todas hubiésemos querido tener: luchadora implacable por los derechos de la mujer, sin dejar de ser consciente de sus obligaciones como tal. Como mujer y, sobre todo, como Ciudadana. Por eso, por que las mujeres del S.XXI le debemos a ella y a todas las demás, no podemos consentir que exista una ley caritativa que imponga la paridad. No señor. Estamos donde estamos por méritos propios. Cada vez hay más abogadas, médicas, juezas, empresarias ... que compaginan como mejor pueden y saben sus tareas. ¿Ayuda?, cualquier apoyo será bienvenido. ¿Guarderías?, por supuesto.
Ciudadanos propone una sociedad igualitaria, sin discriminaciones (ni positivas ni negativas) por razón de sexo. Una sociedad en la que las “ministras-tías” no sean el hazmerreír. Donde la participación femenina crezca (está ya creciendo) en los distintos escalones sociales. Pero por méritos propios, por ser la persona idónea en el momento adecuado. Las mujeres de Ciudadanos no queremos que se nos trate como a pobres idiotas que atraen votos femeninos.
Y termino ya. Como no, nuevamente con Dña. Emilia. Cito un apunte suyo del año 1907:
Salid a pie y recorred, sin objeto, las calles céntricas: observad, y los candidatos a crimen pasional se os presentarán ante la vista. Notad cómo, en esa esquina, dialogan uno de capita y gorra ladeada y una de pobre mantón y complicado moño. El diálogo se anima: él alza la mano y descarga bofetón redondo. Ella titubea, llora; luego ríe...; ni siquiera pide auxilio: el bofetón está en el programa. Y ese bofetón es el preludio de lo que vendrá más tarde, en una hora de exasperación brutal de celos o de soberbia; es el anticipo del navajazo feroz, del estrujón de nuez que rompe el cartílago, del puntapié que desgarra las entrañas, del palo que abre el cráneo , del proyectil que se incrustra en la masa encefálica ... ¡Va tan poco del primer maltrato al crimen! La bofetada anuncia la muerte y las emplazadas, sin embargo, media hora después de haber recibido en la mejilla el golpe y el insulto, se cuelgan del brazo del ofensor y se van con él...
Señores. ¡Cómo escarpias se me ponen los pelos!
Magda González es miembro de C's en Burgos


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